Tengo la certeza de tener la duda de preguntarme
irreverentemente el porque de ciertas cosas, quizás he renunciado al propio
quizás, que para recordar, muchas veces comenzó muchas de mis frases
pseudo-clichés que vaticinaban una
pronta incentidumbre de pendejo malcriado. Creo que ahora siento el amor de
adolescente entre mis dedos lacios, como fideos, como recuerdos. Debería
comenzar a palpitar dichos besos contra mi boca como aquellos días en que el
sol era más rojo de lo habitual y mi alma más brillante de lo normal.
Lo Urbano me desconcierta, al igual que esos mojados besos
bajo la luz de los faroles expectantes viendo a dos pendejitos demostrarse
amor, siendo que viven en un país de machistas
y homofóbicos. ¿Cómo pueden besarse esos pergenios? Que se han creído.
Aún sigo sin entender que nos creíamos.
He estado al alcance de todos los bolsillos, decía Silvio.
Yo aún no se si estaría aún al alcance de su mano. Quisiera poder susurrar
dicho nombre entre dientes, para poder convencerme de la magnitud de hombre que
tenía nariz contra nariz. La homosexualidad se difumina simplemente bajo el
convencimiento de que el amor no tiene nombre ni etiqueta, que no cabe mas
duda, de que muerto vale menos el pecado.