Algo así como el ''deseo desesperante'' del que hablaba Hesse encarnando a Sinclair en su libro 'Demian'. Algo así como aquel sentimiento es el que hoy siento. No es coincidencia del día o de la fecha para que escriba estas palabras, si no tan solo, por esta vez, evocaré recuerdos que los sueños solamente se han encargado de revivir entre tanta penuria y olvido.
Suelo preguntarme con frecuencia si la coincidencia de los sueños existe, de ser así, todos correríamos desesperados intentando encontrar el consuelo del disfrute en la alma que se reclama, pero desgraciadamente, no suele ser así. Tal vez nos olvidamos, o quizás el orgullo nos acalla para poder hacer tranquilo su trabajo, el de separar cada vez más a las almas solitarias, haciendo que su infinita búsqueda se pierda una vez más, en el olvido.
Olvido que no logro concretar, por tanto, nunca olvido. Gran error y gran desgracia. Nunca he podido repararme de tal incógnita que aún en mis noches mas recónditas suele opacarme y preocuparme. Aún a pesar de haber dormido, no logro recobrar el sueño pueril de niño tranquilo. ¿Será el color del cabello? aquel que aún sigo buscando en cabezas ajenas, sin encontrar su brillo único y propio, aquel que hacia de él un ser vital. Creo que he dejado de buscarlo, aunque en los sueños sigo llamándolo y pareciese que la búsqueda no tiene fin. 2 años de cumplir aquella promesa que aún no se borra de mi memoria, la de encontrarnos, unirnos y volver a crear ese núcleo improvisado de amor y ternura.
Pero a dos años de peleas y malos tratos, que me terminan acongojando más que la música de Bach o el nihilismo. Eso es preocupante, pero aún más lo es el no poder dejar el recuerdo atrás a pasos de la perdición que me lleva al abismo, del cual vengo, del cual éramos, para aún así reencontrarnos, bajo la luz de los faroles y velas incandescentes que aún llevando dos años, no logran apagarse.